La teoría monetarista nos indica que un aumento de la masa monetaria genera inflación en la misma proporción. Esto conlleva la devaluación de la moneda, pérdida del poder adquisitivo, errores en estimaciones de los agentes económicos, y un caos que el sistema moderno ha santificado.
Los aficionados al tema tienden a echar la culpa al Banco Central y su impresión desmesurada, sin tener en cuenta que bien Keynes profesaba que la creación de dinero es endógena. ¿Qué quiere decir esto? No solo que la recepción del dinero impreso por el Banco Central es decidido por los bancos comerciales, así como su circulación en la economía, sino que aún sin impresión los bancos comerciales se encargan de crear dinero a través del crédito.
Solo es necesario un pequeño depósito en los bancos comerciales, para que estos empiecen a emitir préstamos totalizados en la misma cuantía del depósito a quien le plazca, sin tener el respaldo real de la cantidad de dinero emitido. Ejemplificando, un banco con 3mil dólares depositados por un cliente, puede dar préstamos con un total de 3mil dólares, así quedándose sin respaldo real del dinero del que el primer cliente es dueño y aún dispone en su cuenta bancaria.
No hay que ser brillante para identificar que esto origina un aumento en la masa monetaria, que no depende de una impresión con antelación.

La pregunta que nos surge entonces es: ¿Puede haber inflación sin impresión monetaria?.
A diferencia de los objetivos principales del banco central, los bancos comerciales desean que se les devuelva el capital que prestaron sumado a los intereses acordados. Por lo que los préstamos siempre serán concedidos a quienes ellos consideran que pueden retribuirlos. En pocas palabras, el prestatario ha de producir en el plazo indicado la cantidad que el banco solicita para no obtener consecuencias de mayor gravedad, lo que nos revela que el dinero emitido por los bancos comerciales va a estar sustentado en producción durante su circulación.
Y si está respaldado en producción (activos, bienes y servicios), tal como nos expone la fórmula MV = QP, siendo M la masa monetaria, P el valor monetario de los bienes y servicios y Q el nivel de producción, y suponiendo V, la velocidad de circulación, constante, no ha de generarse inflación. A pesar de que esta fórmula expuesta por Fisher (al que tenemos en portada) fue hecha para evidenciar la necesidad de la banca central, cuyos argumentos repasaremos en otro artículo, nos ilustra cómo funciona la economía de una manera simplificada.
Sin embargo, ¿es imposible que exista inflación en una economía sin banca central?.
Como bien se analizó, solo es imposible que surja inflación mientras el capital concedido sea respaldado durante su circulación. Con lo que podemos concluir que una falla en las estimaciones de los bancos comerciales en sus prestatarios, de magnitudes significativas, puede repercutir en un aumento de la masa monetaria sin respaldo productivo. Puede generar inflación.
Ahora, bien, es muy poco probable que esto ocurra, y aún con la posibilidad continúa siendo más confiable la mera creación a partir del crédito que la impresión de la banca central si el objetivo es evitar la inflación.
¿Qué se debe hacer al respecto?
Sobre este punto surge el debate principal de las diversas escuelas de pensamiento económico. Pero para no extendernos más de lo necesario, nos limitaremos a exponer las dos más destacadas perspectivas.
La Escuela de Chicago, o monetarista, con las ideas de Fisher sugiere la necesidad del control de la oferta monetaria, donde los inconvenientes monetarios se solucionan con las operaciones de mercado abierto, que es un sistema que consiste básicamente en la inyección y retiro de billetes por parte de la banca central a los bancos comerciales, lo que principalmente obliga a los bancos comerciales a asegurar una cantidad de dinero real al menos proporcional a la cantidad que tienen endeudada con el gobierno, y además arregla los problemas derivados de las imprudencias en los agentes económicos.
La Escuela Austriaca, si bien no todos sus seguidores si muchos influyentes, sugiere la obligación de mantener coeficientes de caja de 100 por cien, anclado a la supresión de la banca central. Se contraargumenta con la posibilidad de deflación a largo plazo, pero los austriacos proponen alternativas monetarias para solucionarlo.
Y para finalizar el artículo, dejaré una cita al economista Daniel Lacalle en su análisis sobre el tema:
«Cuando los bancos privados crean dinero mediante préstamos, ese dinero está siempre respaldado por una garantía en bienes, servicios o activos. Estos últimos pueden perder valor y dejar de ser rentables, pero el sistema de crédito no crea dinero por arte de magia. Ése no es el caso de los gobiernos».
