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La paradoja del arbitraje

En los últimos tiempos, las diferentes luchas sociales (la lucha feminista, la antirracista, la LGTBI, etc.) están ganando peso tanto en visibilidad como en poder de influencia como en rangos de actuación, y este crecimiento de su acción también provoca que las opiniones y la reflexión al respecto que hacen los diferentes individuos sean más variadas, más heterogéneas, más polarizadas. En esta cuestión, soy defensor de la visión de que dichas luchas sociales, si bien parten de una intención muy noble como es intentar igualar en derechos y libertades a ciertos colectivos que consideran que no los tienen (vamos, no se me ocurren motivos por los que a todo amante de la libertad no le guste esta idea), luego a la hora de buscar sus objetivos entiendo que están cometiendo muchos errores que, no sólo no les hacen acercase a sus objetivos, si no que les alejan de ellos, ayudando a que la sociedad ofrezca un trato diferente dependiendo de si estamos ante un hombre o una mujer, ante una persona heterosexual o una homosexual, o ante una persona blanca o una negra; y un buen ejemplo de esto que les comento podemos encontrarlo en el mundo del arbitraje deportivo, el cual utilizaré para ilustrarles esta postura que defiendo en lo que he llamado La Paradoja del Arbitraje. Vamos a ello.

Primero, hablaremos de la figura del árbitro deportivo y, para precisar más o ser más concretos, pondremos el ejemplo del árbitro de fútbol profesional. Se trata de una profesión como cualquier otra, con sus ventajas e inconvenientes a la hora de ejercerla. ¿Cuáles pueden ser las ventajas? Pues podemos encontrar algunas como que, pese a que tengan que entrenar a diario para mantenerse en forma, normalmente tu turno de trabajo semanal se limita a 90-180 minutos semanales, ahorrándote interminables jornadas de trabajo para llegar a tu casa, dormir y vuelta a empezar al día siguiente; que no es un trabajo sedentario lo cual puede ser positivo para el bienestar y la salud del individuo que la ejerce; y que si te gusta el fútbol trabajarás en el mundo que te gusta, viviendo en directo con privilegiadas vistas partidos del máximo nivel. ¿Y cuáles pueden ser las desventajas? Principalmente veo dos: una es la presión a la que te ves sometido, ya que en el fútbol profesional hay observadores arbitrales que de sus informes dependerá el hecho de que a final de temporada desciendas de división, te mantengas o asciendas; y sobre todo, que vas a hincharte a recibir una gran cantidad de insultos, pues el aficionado tiende a ser muy irascible y pasional y, en el momento en el que el árbitro toma decisiones que el aficionado local falto de objetividad considera contrarias contra su equipo, al pobre colegiado se le viene una lluvia de insultos, improperios y faltas de respeto hacia su persona (y hacia familiares muchas veces) que, si mentalmente no eres una persona fuerte, pueden afectarte negativamente. Pero la gracia de todas estas ventajas y desventajas es que todo ello va en el sueldo, y quien decide meterse a arbitrar, o parte con esa fortaleza mental, o la irá desarrollando por el camino, o desistirá, porque seamos realistas: no vamos a cambiar al aficionado de fútbol.

Una vez tenemos claro esto, que en el sueldo del árbitro va la bendición de trabajar pocas horas, en lo que te gusta y manteniendo un modo de vida saludable, y también en su sueldo va la desgracia de toda la presión y de lo mucho que te van a faltar el respeto, vamos a centrarnos en esto, en como son las faltas de respeto del aficionado al árbitro de turno.

Hay que reconocer que el ingenio humano, la creatividad, aparece en una actividad como es el hecho de insultar a alguien y, en los insultos a árbitros, también es así. Cuando el árbitro es un «árbitro medio», sin nada característico, el insulto tiende a ser estándar, combinando lo que es el improperio raso, la simple palabra ofensiva sin más vuelta de tuerca, con también improperios rasos hacia su familia o amenazas. Pero cuando el árbitro tiene una peculiaridad, el público va a agudizar el ingenio y pasará de dichos improperios simples, a contextualizar el insulto a la persona concreta que es dicho árbitro. Dos buenos ejemplos podrían ser:

  • Si el tipo es calvo, le van a caer ochentamil comparaciones con personas calvas, y habrá muy diferentes modos de dirigirse de forma faltona a su alopecia.
  • Si el tipo es gordo, de forma ofensiva se dudará de sus capacidades físicas, le caerán comparaciones con otras personas gordas, e incluso empezarán a corear y a gritar cada vez que el colegiado emprenda un sprint. Así de cabrones somos los humanos.

Para proseguir ahora y llegar al punto que queremos llegar, hay otra cosa a aclarar: en el contexto que he estudiado este femónemo, que es el de la sociedad española, hasta hace relativamente poco tiempo, cerca del 100% de árbitros eran de género masculino y de etnia caucásica blanca y, aunque sigue siendo amplia mayoría esta población, poco a poco ya se está ganando en diversidad y ya podemos encontrar en los terrenos de juego a mujeres o a personas de etnia no blanca ejerciendo esta noble profesión.

Una vez sabemos estas premisas necesarias para entender lo que quiero comunicar, aquí es dónde entraría la paradoja del arbitraje que da título a este artículo. ¿Por qué? Muy simple, se puede ver con dos preguntas:

  • ¿Qué ocurre cuando al árbitro convencional, de toda la vida, un hombre blanco, le insultan? Absolutamente nada, la vida sigue, termina el partido y todo el mundo vuelve a casa, y no se da ningún tipo de consecuencia al respecto.
  • ¿Qué ocurre cuando a árbitros enmarcados en las poblaciones defendidas por todas estas luchas sociales les insultan? Que, por acción de los agentes sociales que encabezan estas luchas, todo el mundo pone el santo en el cielo y se dan todo tipo de consecuencias: Gente acusando a toda una afición de racista/machista (da igual que de 15.000 aficionados hayan sido 20 los que hayan hecho esto, esos 15.000 ahora son juzgados por gente de todo el mundo), se empiezan campañas en medios para erradicar estas opresiones en el fútbol, se sanciona a los clubes que han sido locales en los partidos en los que se da este suceso (como si el club tuviese la culpa de que algún aficionado suyo sea un energúmeno, siempre me voy a mostrar contrario a estas sanciones), y más sucesos que nos permiten ver claro (ya se ve en la diferente longitud de estos dos últimos párrafos) que, dependiendo de quien reciba los insultos, la reacción del mundo a su alrededor es completamente diferente.

¿Y saben qué? A mi me parece que los racistas y los machistas en esta cuestión son aquellos agentes sociales que sobreprotegen de esta manera al árbitro negro o a la que es mujer, ¿o qué pasa, que estas personas no tienen la misma resistencia, la misma resiliencia, y la misma capacidad de aguantar la presión que el árbitro hombre blanco? ¿Insinúan que la mujer o una persona negra no es capaz de ejercer esa profesión sin qué les protejan, cuando el hombre blanco la ha ejercido desde hace mucho tiempo sin que nadie les proteja? ¿Qué ocurre, que si un árbitro empezó a ejercer en su Senegal natal, allí en Senegal como son mayoría de población negra son seres de luz y allí nunca insultan a un árbitro entonces hay que proteger al pobre muchacho al llegar a Europa? ¿Qué el negro no es capaz de aguantar que le digan «negro de mierda» pero el blanco calvo si es capaz de aguantar un «calvo de mierda»? ¿Qué la mujer no es capaz de aguantar que le digan «zorra de mierda» pero el hombre con sobrepeso si es capaz de aguantar que le digan «foca de mierda»?

Señoras, señores, si ustedes actúan como actúan estos agentes sociales que protegen a estos colectivos como si fuesen seres indefensos y nada independientes, los racistas y machistas son ustedes, ni el árbitro negro ni la que es mujer les necesitan, ustedes no son tan importantes y ellos son tan capaces como el hombre blanco de aguantar esos ataques que, como recalcábamos al principio del artículo, son cosas que van en el sueldo, son gajes del oficio. Nadie necesita de su condescendencia, simplemente vivan y dejen vivir, no se erijan como superhéroes y superheroínas de personas que no se lo han pedido porque logran el efecto contrario: habéis creado un marco social en el cual los hechos se juzgan según seas mujer o según seas hombre, o según seas persona blanca o persona negra, y les recuerdo que ustedes se supone que luchan para evitar eso. Pónganse las pilas y dense cuenta, de verdad.

La paradoja del arbitraje, espero que les haya resultado interesante, un saludo y un abrazo para toda aquella persona que haya llegado hasta aquí.

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